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2 Hombres, 2 Oraciones, 2 Resultados.

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fariseo-y-publicano-2puesto en pie, oraba consigo mismo.. Lucas 18:11

La hipocresía es una forma de mentira. Un hipócrita es una persona que utiliza una máscara, es aquel que no deja ver sus verdaderas intenciones. Esta persona simplemente está fingiendo. El término hipócrita o hipocresía se deriva del lenguaje griego “hipo” que traducido es “máscara” y “crytes” que es “respuesta”, por lo que significa: “responder con una máscara”. Esto se veía con frecuencia en el antiguo teatro griego donde los actores, para interpretar sus papeles, utilizaban máscaras de acuerdo a sus personajes.

Jesús acusó de ser hipócritas a los fariseos en sus actos ([sg_popup id=”2″]Mateo 23[/sg_popup]), y en varias de sus enseñanzas se refirió específicamente a la hipocresía en sus oraciones. Por ejemplo en [sg_popup id=”3″]Mateo 6: 5[/sg_popup] y [sg_popup id=”1″]Lucas 18: 11[/sg_popup].

¿Qué es un fariseo?.

Los fariseos eran líderes religiosos entre los cuales podían haber escribas y sacerdotes, también podían ser hombres de negocios. Los fariseos eran hombres profundamente entregados al estudio de las escrituras. En un principio comenzaron como un movimiento sincero, se agrupaban en fraternidades buscando la consagración y la piedad, regulando el área más mínima de sus vidas con la Palabra de Dios. Un investigador del pueblo judío relata sobre ellos: “Eran gentes de religiosidad sincera y ardiente celo, deseosos de obedecer a Dios hasta en los aspectos más triviales de la vida cotidiana” (1).

El comentarista Willian Hendriksen hablando sobre [sg_popup id=”4″]Filipenses 3: 5[/sg_popup] dice que los fariseos se habían formado como una reacción a los abusos de los judíos que abandonaron la verdadera fe.

Entonces: ¿Qué pasó? ¿Cómo estos hombres tan entregados a Dios pudieron convertirse en los más acérrimos enemigos del Señor Jesús? ¿Cómo pudieron odiarlo tanto si él era la encarnación misma del Dios a quien ellos tanto decían buscar?

Esto tiene una explicación progresiva: Lo que en un principio comenzó siendo un sentimiento noble en hombres que realmente querían acercarse al Señor, y por ende guiar a otros hacia Él, durante el traspaso generacional la causa fue tomada y liderada por religiosos, muertos en espíritu que lo rebajaron todo a simples ritos, agregando sus propias leyes y tradiciones a los mandatos del Señor, de tal manera que ellos perdieron la esencia del movimiento de los primeros fariseos, entonces de las buenas intenciones iniciales surgieron defectos.

El mismo investigador ya citado escribe:

“De tales buenas intenciones surgieron defectos como la intransigencia ante todo cuanto consideraban contrario a la Ley, además un cierto desprecio hacia el común del pueblo, un orgullo por su propia justicia asociado con una piedad ostentosa y, finalmente, la tendencia a perder de vista el bosque por observar las ramas: a veces pasaban por alto el corazón de la Torá por observar sus minucias”. (2)

Una parábola sobre la oración

En el evangelio de [sg_popup id=”7″]Lucas[/sg_popup], en el capítulo 18 versos 9 al 14, el Señor narra una parábola en la cual hace referencia a dos hombres, a dos tipos de oraciones y a dos resultados, esta es la introducción de la parábola: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a otros, dijo también esta parábola”, esta frase inicial expresa la total corrupción del pensamiento de los fariseos en la época de Jesús, cabe recalcar que no todos estaban igualmente corruptos, existían algunos en los cuales la esencia noble farisaica perduraba, aunque sea borrosamente, un ejemplo es Nicodemo, que de forma sincera se acercó al Señor ([sg_popup id=”8″]Juan  3: 1-2[/sg_popup]), inclusive estoy totalmente convencido de su conversión al ver cómo en [sg_popup id=”9″]Juan 19: 39[/sg_popup], después de la muerte de Jesús, llevó perfumes para preparar el cuerpo, esto él lo hizo cuando el identificarse con Jesús podría costarle la vida. En aquel momento en el cual todos habían corrido desorientados y despavoridos, Nicodemo estuvo ahí. ¡Gloria al Señor por este ejemplo! (buscaré a este fariseo cuando esté en la gloria).

Jesús no denunció a fariseos como Nicodemo, él denunció a los hipócritas, a quienes mostraban una cosa siendo en verdad otra.

En la parábola de [sg_popup id=”7″]Lucas 18[/sg_popup], el Señor nos muestra una escena en la cual dos hombres fueron a orar al templo, uno era un fariseo y otro un publicano. No era raro ver a un fariseo ir al templo para orar, y no es esto lo que el Señor condenó, sino más bien la actitud de muchos fariseos y de otros semejantes a éstos, de ir a orar en lugares públicos para que todos los vean y de esta forma hacer alarde de una alta y robusta espiritualidad. Es a esto a lo que el Señor se refiere también en [sg_popup id=”3″]Mateo 6: 5[/sg_popup], cuando dice: “Cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en la sinagogas y en la esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres..”, una vez más aclaro, Jesús jamás condenó las oraciones en público, es más, él mismo las hacía [sg_popup id=”10″]Juan 17: 1-26.[/sg_popup] Él condenó la hipocresía de los falsos religiosos. El sistema judío y farisaico había desarrollado una disciplina de oración estricta, la cual tenía horarios específicos y sea donde sea que éstos estén debían parar y orar demostrando su devoción.

La hipocresía y la falsedad llegó a tal punto que inclusive algunos de los religiosos calculaban los horarios de oración de tal forma que los tomen en las esquinas y calles concurridas para orar en plena vía pública. Por esto Jesús decía: “Aman el orar … en las esquinas de las calles”.

En el caso del fariseo que fue al templo en la parábola, aunque comienza la oración invocando el nombre de “Dios”, hay una frase dicha por Jesús que, si meditamos en ella, nos estremecería en lo más profundo, y es ésta: “El fariseo, puesto en pie, “ORABA CONSIGO MISMO” ([sg_popup id=”1″]Lucas 18:11[/sg_popup]), ¿puedes comprender lo trágico de eso?, él no estaba orando al Señor, oraba en la soledad de las tinieblas, en el profundo desamparo en el cual él mismo se había sumergido. Cubierto de tanta aparente piedad estaba pronunciando una oración muerta, la cual Dios no escuchaba, es más; provocaba su enojo pues este hombre solo buscaba exaltarse a sí mismo. Su oración completa fue la siguiente: “Dios, gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” W. Hendriksen escribe:

“Comienza comparándose con otras personas. Sin embargo, no se compara con hombres verdaderamente devotos como Samuel ([sg_popup id=”11″]1S. 1: 20, 28; 2: 18, 26[/sg_popup]) o Simeón ([sg_popup id=”12″]Lc. 2: 25-32[/sg_popup]), sino con aquellos de mala reputación. Dice no ser ladrón…como si no estuviera en aquel momento robando al Señor el honor que se le debe. No es tramposo o una persona deshonesta… Como si no estuviera defraudándose a sí mismo de una bendición (que no tiene). Y no es adultero, bueno, quizás no literalmente, pero ¿acaso no estaba apartándose este orgulloso fariseo del Dios verdadero y así haciéndose culpable del peor de los adulterios? ([sg_popup id=”13″]Óseas 1: 2; 5: 3[/sg_popup]). (3)

Alguien podría decir: “Yo jamás he escuchado a alguien orar así, ni he sabido de alguien que ha escuchado a alguien hacerlo con una soberbia tan alevosa”. Debemos comprender que como esta es una parábola, lo que Jesús está haciendo con esto es desenmascarar una actitud, esta es la actitud de aquel que quiere engrandecerse a sí mismo. Puedes cambiar la oración alevosa de este fariseo por las palabras más dulces y piadosas que un hombre pueda pronunciar, o quizás con un hermoso himno o tal vez una predicación y eso no cambiará el propósito de esta alma la cual es exaltarse a sí misma.

El extremo opuesto de la pureza: un publicano.

“Gracias Señor, porque no soy como este publicano” [sg_popup id=”1″]Lucas 18: 11[/sg_popup]. Un publicano en la cultura judía representaba lo más bajo en la bajeza; ellos recolectaban los impuestos del pueblo para dárselos a los invasores romanos, por ende eran considerados traidores, lacras de la sociedad, anti-patriotas. Jesús no pudo haber elegido una figura más opuesta en comparación a lo que representaba en la sociedad judía un fariseo. En la parábola, el publicano va a orar al templo al igual que el fariseo, pero en contraposición al fariseo, éste no busca un lugar visible, no se acerca al santuario, no tiene el rostro para hacerlo, la vergüenza lo carcome y la pena lo invade. El texto dice: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pues soy un pecador”, en otras palabras: “Dios te ruego que me perdones, ten misericordia pues soy un pecador”.

Jesús termina la parábola dando a entender que el fariseo que oró “consigo mismo”, se marchó con la ira del Señor acumulada sobre su ser, pues no fue declarado justo, en cambio, el publicano regresó a su casa perdonado, reconciliado con el Señor, adoptado como hijo y declarado justo, en resumen “justificado”.

Este publicano representa a los justificados, los verdaderos hijos de Dios, a aquellos que al orar van con sinceridad, pues desde que nacen de nuevo se golpean el pecho suplicando al Señor su perdón y luego esta actitud de súplica la llevan como una constante para todas las demás cosas ([sg_popup id=”14″]Efesios 6: 18[/sg_popup]; [sg_popup id=”15″]Filipenses 4: 6[/sg_popup]). Esta es la actitud de aquellos que no reclaman sus bendiciones, pues saben que viven en un total estado inmerecido, se puede también decir: “Por Gracia”.

Todos alguna vez fuimos como este fariseo, teniéndonos a nosotros mismos como el centro de todo, buscando auto -exaltarnos hasta que el Señor transformó nuestros corazones como lo hizo con el corazón del publicano arrepentido ([sg_popup id=”16″]Ezequiel 36: 26[/sg_popup]). Algo impresionante es ver que uno de los más ortodoxos, violentos y celosos de los fariseos terminó siendo el “apóstol Pablo”, si bien no dejó de ser un fariseo en su sentido más noble ([sg_popup id=”17″]Hechos 23: 6[/sg_popup]; [sg_popup id=”4″]Filipenses 3: 5[/sg_popup]) sí dejó de reposar en su propia justicia y se entregó totalmente al Señor como lo hizo el publicano, creo que Pablo bien podría haber pronunciado la frase opuesta: “Gracias Señor, porque soy como este publicano”.

Esta parábola fue expuesta por el Señor Jesús para mostrar dos corazones, dos actitudes al orar. Permanezcamos siempre en la actitud del publicano: “sincero, humillado, sumiso y suplicante”. Llevemos siempre presente ante quién estamos, al orar es la mirada de nuestro Señor la que importa. No me cabe la menor duda de que algo de lo que aún queda de la esencia del fariseo hipócrita y egocéntrico querrá rebrotar en nosotros, por eso es de suma importancia que nos mantengamos siempre bajo la luz del evangelio pronunciando palabras sinceras, no olvides nunca de dónde fuiste rescatado. Huye de las vanas repeticiones en la cuales tu corazón no está ligado a tus palabras, mantente constantemente velando para poder identificar cuándo la fría religiosidad está congelando tu interior, ruega al Señor que el veneno de ver a otros como inferiores o no tan santos como tú no te invada. Busca siempre la llenura del Espíritu Santo y agradar al Señor por sobre todas las cosas ([sg_popup id=”18″]Galatas 1: 10[/sg_popup])

“Guíanos Señor, a tener un corazón sincero y sediento por buscarte”.

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(1 – 2) – La esperanza de Israel del Dr. Fernando Saravi; (Clie; 1994) pag. 51, 52 (3) Comentario de Lucas de William Hendriksen (Desafío, Grand Rapids; 2002) pag. 763,764 Copyright/Derechos ©2016 Javier Bello – www.iglesiasolagratia.com

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