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Ellos no quieren que ores.

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veeer“pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Cor.2:11).

Siempre es importante saber cuáles serán los movimientos de un enemigo de manera a tomar precauciones y a reforzar áreas débiles, por eso debes preguntarte: ¿Qué haría él para destruirte? ¿Dónde te atacaría? ¿Cuándo y por qué?. Estas preguntas, aunque no parezca, tienen mucho que ver a la hora de hablar de la oración.

¿Qué es la oración?

Orar es la expresión más pura de la intimidad entre nosotros y nuestro Dios. Orar es una conexión indescriptible en su sentido más profundo, es el momento en el cual nos despojamos de las máscaras sociales y desnudamos nuestras almas totalmente ante Él, es entrar en una hermosa humillación que nos fortalece, es el momento en el cual percibimos nuestra condición real en presencia de nuestro Señor (Isaias 6), es una rendición total en la cual declaramos nuestras debilidades. La sinceridad es un requisito vital, ahí no hay lugar para trucos e hipocresías pues nuestro Señor puede observar lo más profundo de nuestros corazones. En ese momento nos dirigimos al Padre, a través de Jesús y guiados por el Espíritu Santo. El teólogo Charles Hodge no pudo resumirlo mejor cuando dijo: “La oración es la conversación del alma con Dios”. Durante esta conversación podemos adorar, agradecer, confesar, preguntar y suplicar.

Oración en el Secreto

Para establecer esta comunión o conexión en su sentido pleno, debemos ir en actitud sincera no pronunciando palabras fríamente formuladas que en realidad no las sentimos. El Señor condenó fuertemente todo tipo de vanas repeticiones, debemos apartarnos de todo buscando un lugar y un momento alejados de distracciones para elevar nuestras plegarias a nuestro Señor, esto es lo que Jesús mismo nos manifestó en Mateo 6:6 poco antes de enseñarnos el “Padre Nuestro” durante el sermón del monte, cuando dijo:

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento (habitación), y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto”…, aquí Jesús no quiso enfatizar un lugar especifico, “aposento o habitación”, sino más bien una actitud espiritual en la cual el verdadero adorador buscará disminuir las distracciones para fluir con su Dios en oración. Mateo 6:6 continua diciendo: “y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, esto es simple, la oración tiene recompensas. Aquí Jesús no dice cuáles serán pero sabemos que el Señor nos llena de Él, nos inunda de gozo, nos fortalece, consuela, guía,  y muchas otras cosas más a través de la comunión con Él.

¿La postura al orar, es importante?, déjame decirte que en la Biblia observamos a siervos orar en diferentes posturas: Job en su desgracia oró postrado en la tierra (Job 1:20,21), Moisés se inclinó con la cabeza al suelo (Éxodo 34:8) Salomón oró extendiendo sus manos al cielo (1 Reyes 8:22), lo mismo escribe Pablo a Timoteo en (1 Ti.2:8) “oren en todo lugar levantando manos santas”, Elias oró con su rostro entre sus rodillas (1 Reyes 18:42), Daniel lo hacía arrodillado en dirección a Jerusalén (Daniel 6:10), Jesús al orar por sus discípulos miraba al cielo (Juan 17:1) y en el Getsemaní poco antes de morir estaba orando a su Padre postrado (Mateo 26:39), durante la parábola del publicano y el fariseo describe a un hombre sinceramente afligido orando al Señor con la mirada abajo y golpeándose el pecho (Lucas 18:13). ¿Qué significa todo esto?, significa que lo importante es la actitud de tu corazón, todos ellos sabían ante quién estaban. Un cuerpo puede estar postrado o de rodillas pronunciando las más elocuentes oraciones y poseer al mismo tiempo un alma erguida en soberbia y rebelde que tan solo está orando consigo misma, esta era la clase de actitud que Jesús denunciaba de los fariseos (Mateo 6:5; Lucas 18:11). Un corazón contrito y humillado es algo que el Señor no lo despreciará jamás (Salmo 51:17).

Oración en todo tiempo

Existe también una actitud espiritual la cual el hijo de Dios pone en marcha cuando ha salido de la intimidad con su Señor en lo secreto, esta es la actitud en la cual debemos permanecer durante el andar diario, a ésto es a lo que se le llama: “la oración en todo tiempo”, es a lo que Pablo apela en la carta a los Efesios 6:18 cuando dice “orando en todo tiempo…”

Orar en todo tiempo incluye los momentos en el aposento, pero también es estar conscientes de la presencia del Señor en todo lugar, es estar dispuesto a alzar una oración en cualquier instante disponible. Déjame ilustrártelo de esta forma:  Es estar parado mirando el cielo y en un momento, con tan solo el pensamiento decir: “Señor el cielo que has hecho es hermoso”; es caminar por la calle y ver a personas afanadas con este mundo y decir: “te ruego por ellos, toca sus corazones, solo tú puedes hacerlo, déjame ser un instrumento para alcanzarlos, dame valentía para predicarles tu verdad”; también es clamar al estar ante una situación difícil diciendo: “Señor, ¿qué hago? guíame”, estas oraciones pueden ser hechas hasta por la cosas más sencillas, por ejemplo, después de orar en público por los alimentos mientras estamos experimentando la gracia (regalo inmerecido) del sabor, pues Dios podía haber simplemente creado materia sin sabor que tenga la simple función de alimentarnos, pero Él no solo no hizo eso, sino que creó alimentos con sabores para que también mientras nos alimentamos sintamos placer, ¿alguna vez has pensado en ésto?  y sabiéndolo, incluso mientras masticamos, elevamos una oración con el pensamiento, diciendo: “Una vez más gracias Señor, esto está delicioso”.

Debemos estar dispuestos a orar ante cualquier cosa y en todo momento, por más mínimo que esto sea.

WC.H. Spurgeon decía:

“Nuestras almas deben estar en tal condición que la oración exclamativa debe ser muy frecuente en nosotros. Sin necesidad de una pausa en el negocio y dejar el mostrador y ponernos de rodillas; el espíritu debe emitir sus peticiones silenciosas, cortas, y rápidas al trono de la gracia. Un cristiano debe llevar el arma de la oración como una espada desenvainada en la mano. Nunca debemos detener nuestras suplicas” (1)

Esto es “orar en todo tiempo” u “orar sin cesar”, es fácil de comprender,  es la conciencia permanente de que estamos en Su presencia.

Esta es una realidad: Necesitas de un tiempo en secreto con tu Señor, pero luego la oración en todo tiempo es la actitud que sigue, incluso tu relación con el pecado cambiará radicalmente con esta forma de vida.

En su libro “A solas con Dios”, John MacArthur escribe:

“De este modo, la vida se convierte en una oración continuamente ascendente: Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Así ponemos nuestras mentes en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:2. (2)

¿Qué sabía Pablo?

Pablo, al igual que todo siervo y sierva que ha servido y servirá alguna vez al Señor de manera diligente, sabía que nuestra fortaleza estaba en la comunión con nuestro Padre, es por eso el énfasis que él da en sus cartas a la oración. El escribía de forma recurrente estas ideas: “Oren en todo tiempo”, “oren sin cesar”, “yo también estoy orando por ustedes para que crezcan en amor y conocimiento, para que puedan discernir entre lo bueno y lo malo, y den frutos que glorifiquen a Señor” (Filipenses 1:9-11).

Él era consciente de que lobos merodeaban la iglesia y que ésta necesitaba estar velando constantemente en oración y santidad para poder soportar los ataques.

Ahora pon mucha atención, existen otros que también saben esto: Estos son los que nos aborrecen con toda la plenitud de su esencia, estos son los caídos sin perdón (2 Pedro 2:4), aquellos que guiados por Satanás se levantaron en una rebelión contra el Santo (Isaías 14:12-15), son las huestes de maldad (Efesios 6:12), son millares de millares y su líder es también conocido como el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2). Ellos existen y son reales, saben que nuestra fortaleza está en la comunión con nuestro Padre, es por esto la dificultad que tienes para orar, esta es la razón de esos pensamientos que irrumpen en tu mente como flechas dirigidas cuando buscas en tu aposento conectarte con nuestro Señor. Aquí está la fuente de aquella culpa que te invade cuando buscas acercarte a tu Padre, ellos manifiestan la esencia misma de su líder pues el nombre “Diabolos” o “Diablo” significa el acusador o el tentador, estos son los que traen tu pasado perdonado al presente para avergonzarte. Ellos tienen como objetivo cortar tu comunión, alejarte de la fuente que te fortalece, saben que al hacer esto te vuelves vulnerable, pues pierdes la guía del Espíritu Santo y renacen tus antiguas pasiones desordenadas. Tu alma está comprada por Cristo y ya no la pueden tocar, pero harán todo lo que puedan para que no seas un elemento productivo para el avance de la obra de nuestro Rey. Como ellos saben todo esto es por lo cual “No quieren que tu ores”, incluso para ellos puedes leer la Biblia, solo que no la debes leer orando, la lectura bíblica sin oración aloja en tu mente simples datos teológicos, los fariseos que crucificaron a Jesús estaban llenos de ellos, pero la lectura en comunión impregna en nuestro corazón verdades que nos llevarán a vivir vidas piadosas.

M.L. Jones escribe:

“Si quiere entender de la naturaleza de Satanás y sus actividades, no vaya a la escoria o la bajeza de la vida. Si realmente quiere conocer algo de Satanás, vaya a ese desierto en el que nuestro Señor pasó 40 días y 40 noches. Esa es la verdadera imagen de Satanás, en la cual lo verás tentando al propio hijo de Dios”.

Si cada siervo a lo largo de la historia de la redención ha necesitado de la oración ferviente, si el mismo Jesús siendo totalmente puro también la vio como una necesidad, nosotros en el presente, que somos quienes llevamos la misión heredada de ellos, también la necesitamos.

Por eso, ora sin cesar con todas tus fuerzas, ora en todo tiempo, suplica por tu vida y por la de otros, persevera, adora, confiesa tus faltas, lucha contra las distracciones de este mundo, lucha contra tus malos deseos. Esto no es un juego, toma como ejemplo a Jesús que buscaba a su Padre constantemente e incluso clavado en el madero no dejaba de clamar y pronunciar sus plegarias. Establece una dependencia total con el Señor, “No des lugar al Diablo” (Efesios 4:27), y no ignores sus maquinaciones (2 Corintios 2:11).

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1- Las parábolas de nuestro Señor, de Charles Haddon Spurgeon (Grand Rapids; 1979) pag. 434, 435.

2- A solas con Dios, de John MacArthur (Mundo hispano; 2010) pag.15

3- Estudios sobre el sermón del monte, Martin L. Jones (Grand Rapids; 1979) pag. 22, 23.

Copyright/Derechos © 2016 Javier Bello – www.iglesiasolagratia.com

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