No hay comentarios todavía

¿Sabías que puedes apagar al Espíritu Santo?

Comparte en tus redesShare on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

1 Tesalonicenses 5:19

“No apaguéis al Espíritu

El apóstol Pablo escribió una carta a la iglesia ubicada en la ciudad de Tesalónica; en la cual, casi al final retumba esta frase: “No apaguen al Espíritu”. En los últimos años esta idea se ha malinterpretado creyendo que se trata de alguna especie de energía mística, pero ¿qué es lo que en verdad significa?. ¿Por qué este direccionamiento de parte de Pablo debe ser tomado tan seriamente por las iglesias? Es decir, los verdaderos creyentes.   ¿Se puede apagar al Espíritu Santo?. ¿Cómo y cuándo ocurre eso?. Y si es así, ¿cómo lo volvemos a encender?.

Es evidente que en 1Ts.5:19 el apóstol está usando una metáfora. Pablo está comparando al Espíritu Santo con el fuego, aunque sabemos que la tercera persona de la Trinidad no es “fuego”. Cuando la Palabra de Dios usa el término “fuego”, lo que está haciendo es comparar al Espíritu con este elemento para enseñarnos la manera en la cual se relaciona con nosotros. Vale aclarar que los cristianos no adoramos al fuego como elemento en sí, y en esta ocasión solo se utiliza el término de manera comparativa, como cuando la Biblia compara al Espíritu con el agua, el viento, el aceite, e inclusive con una paloma.

Pablo amaba a Cristo con todo su ser, por ende amaba a su iglesia. Prácticamente después de conocer al Señor y pasar tiempo preparándose, se dedicó a predicar el evangelio y a fundar iglesias en donde sea que el Señor le mandase que lo hiciera. Pero eso no era todo, un tremendo pesar se apoderaba de él cada vez que tenía que partir dejando una iglesia para ir a otro lugar. Esta preocupación, era porque estas iglesias sigan firmes en el Señor, en el evangelio, en la unidad entre hermanos y en la productividad pro reino.

Cuando se lee detenidamente toda la carta a los Tesalonicenses, se puede ver claramente a un padre escribiendo a sus hijos espirituales. La carta tiene un fuerte contenido de aliento para que éstos sigan adelante, pues él sabe que la vida del creyente tiene sus batallas.

Casi al finalizar la carta, desde el capitulo 5, verso 12, se puede ver una serie de amorosas exhortaciones  a los hermanos que más o menos dice así:

“Les ruego hermanos, que reconozcan a los pastores que trabajan entre ustedes, a aquellos que los cuidan y los amonestan, ámenlos, ténganlos en mucha estima. También exhorten a los que no trabajan, alienten a los de poco ánimo, sostengan a los débiles y sean muy pacientes para con todos. Que ninguno se pague mal por mal, hagan lo bueno unos con los otros, estén gozosos, confiados en el Señor siempre, no dejen de orar, den gracias por todo pase lo que pase, pues ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús”.

Ésta es solo una paráfrasis que engloba las exhortaciones del capítulo 5 desde el versículo 12 al 18, pero es luego de esto que el apóstol, en el versículo 19, pronuncia la frase: “No apaguen al Espíritu”. Y la pregunta es ¿Por qué?.

La respuesta es simple; es porque una vida de buenos frutos, de lucha constante contra el pecado, que busca entregarse al Señor anhelando cada vez más borrar toda huella de lo que alguna vez fuimos sin él, todo eso, enciende el fuego del Espíritu Santo, que mora en nosotros.

Este fuego simboliza la pasión santa que tenemos por las cosas del Señor, es un interés en saber quién es Él de manera más profunda y qué es aquello que le agrada. Este fuego es el Señor invadiendo nuestras mentes con Su sabiduría la cual se plasma en todo lo que decimos y hacemos (Luc.6:45). Este fuego son pensamientos constantes en base a la Palabra de Dios que nos gobiernan, no es un simple estado anímico emocional, es un estado espiritual. Otra forma en la cual la Palabra se refiere a esto es “Andar en el Espíritu” (Gal.5:16), o también ser “llenos del Espíritu Santo” (Ef.5:18). Este fuego se alimenta con cada oración en humillación total al Señor, se alimenta al entregarnos totalmente en sus manos, se aviva con el conocimiento acerca de Él a través de su Palabra, al momento de predicar, con la unidad entre los hermanos y con el constante “volver al evangelio”.  Pero así como este fuego se alimenta con estos leños, así también se apaga con lo opuesto: “el pecado”. Como la llama de una vela a la que le falta oxigeno, con la proliferación del mal que aún  está en nosotros, nos apagamos.

Si eres un verdadero creyente comprenderás esto: Cuando el Espíritu Santo de una forma soberana nos cambió, nos regeneró (Tit.3:5), conocimos al Señor y fuimos perdonados, en ese momento experimentamos una satisfacción total, nos sentimos totalmente completos en Jesús, como dice Colosenses 2:10 “Vosotros estáis completos en él”.

Es como si en ese momento viviésemos en carne propia la parábola del hombre que halló la perla de gran valor y fue a vender todas sus posesiones para obtenerla (Mt.13:45-46). Esta parábola es una representación de lo que es el nacer de nuevo pues todas aquellas cosas, las cuales nos deslumbraban en este mundo, pierden su brillo ante la luz de Cristo. Es un golpe tan contundente que muchos ni siquiera entienden muy bien lo que les está pasando, solo sienten la profunda necesidad de agachar la cabeza y decir: ¿Qué quieres que yo haga Señor? (Hch. 9:6). ¿Recuerdas eso? ¿Sabe de lo que estoy hablándole? Hermano/a, ese es el fuego del Espíritu Santo, el cual sentimos con intensidad cuando experimentamos el verdadero arrepentimiento y perdón de pecados.

Este fuego se apaga o se debilita cuando volvemos al lugar de donde fuimos rescatados, y es simple, pues el Espíritu Santo se contrita, se entristece (Ef.4:30); no se marcha puesto que ya somos templo suyo, pero cuando Él es profanado produce en nosotros tal aflicción que ni siquiera podemos disfrutar plenamente aquel mal con el cual lo estamos ofendiendo, a ésto se lo conoce como “la tristeza que viene de Dios” (2Co.7:10; Co.5:14).

El pastor John MacArthur predicando sobre sobre el libro de Efesios y la llenura del Espíritu, dice:

Usted puede apagar al Espíritu, puede verter el agua de su pecado sobre Su fuego de santidad. Puede contristar al Espíritu. El Espíritu es una persona y Él se entristece, se lamenta y está angustiado por nuestro pecado; y es profanado cuando el templo, que es nuestro cuerpo, es profanado. (1)

Tú puedes apagar al Espíritu Santo, esto no significa que él te abandonará, como ya lo dije anteriormente, eres suyo y no hay nada ni nadie que pueda cambiarlo, pero significa que tu pasión por el Señor se debilitará y por ende tú te debilitarás también en todas las áreas de tu vida, perderás el gozo, la predicación de evangelio ya no será una necesidad para tu vida, te invadirá el despropósito, te volverás espiritualmente estéril y cruzarás un terrible desierto espiritual a tal punto que en ocasiones hasta podrías dudar si realmente eres salvo.

Comparto plenamente con Edwin Palmer cuando dice que “Hay, pues, diferencia entre tener al Espíritu Santo y estar lleno del Espíritu Santo” … “después que alguien se hace cristiano, la meta más elevada es llenarse completamente del Espíritu”. (2)

Ésta será la lucha diaria hasta que lleguemos a la presencia del Señor: alimentar el fuego del Espíritu en nosotros, podríamos también decir ser llenos del Espíritu Santo o andar en el Espíritu, todas estas expresiones hacen referencia a lo mismo. El pecado en todas sus formas apaga esto, ya sean los pecados por acción, los de omisión o dejar de hacer lo bueno, la misma religiosidad o el hacerlo todo conforme a las reglas y leyes pero de manera mecánica y sin esencia.

Esta lucha podría parecerte imposible de pelear, pero créeme, con el Espíritu Santo es posible.

No me malentiendas, no estoy diciendo que únicamente llevando una vida perfecta se puede mantener vivo al fuego del Espíritu, si fuese así esto sería imposible pues todos pecamos; es el creyente que busca al Señor y lucha contra el pecado el que mantiene constantemente esta llama ardiendo en su interior de tal forma que todo su ser, su mente y sus acciones están siempre atentos a la guía del Espíritu Santo.

Puede que veas como algo lejano esta satisfacción total en el Señor (Gal.), es por ello que Pablo escribe esto en sus cartas, para que vuelvas a encender la llama del Espíritu. No existe siervo que no haya pasado por esto, y aún si estás en un lugar espiritual de sumo gozo, también se dirige a ti para que lo custodies como tu bien más preciado. Si ya hace tiempo que el fuego se ha apagado o sientes que es apenas una débil llama extinguiéndose, te pido entonces que levantes conmigo esta oración, léela con el corazón y hazla tuya:

Señor, te ruego que me perdones, mis malas decisiones han apagado la pasión que una vez tuve por tu obra, renuévame, sáname, santifícame, devuelve el gozo de sentirme salvo. Necesito que inundes mi mente con tu Palabra. Remueve todo aquello que evita que viva una vida agradable ante tus ojos, haz que predicar tu evangelio sea una necesidad para mí, cueste lo que cueste. Contrólame completamente y hazme un instrumento tuyo, en el nombre de Jesús. Amén.

______________________________________________________________________________

1- Sed llenos de Espíritu – Parte 1, de John MacArthur (www.gracia.org)

2- El Espíritu Santo, de Erwind H. Palmer (El Estandarte de la verdad;1995) pag.243

Copyright/Derechos ©2016 Javier Bello

www.iglesiasolagratia.com

 

Publicar un comentario

Ingresar resultado *