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¿Sabías que siendo sal evitas que tu entorno se “pudra” cada vez más?

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Jesús estaba en un monte y sentándose vienen a él sus discípulos y entre otras cosas él usa una ilustración muy llamativa para enseñarles como vivir en este mundo, e inicia la idea simplemente con esta frase:

“Ustedes son la sal de la tierra”. Mateo 5:13

Y muchos dirían “está bien, somos la sal. ¿Y qué más?” esta podría ser una de esas frases bíblicas que uno las lee, inclusive las memoriza y repite cada vez que sienta que encaja en alguna conversación, pero muchas veces corremos el riesgo de no ponernos a meditar en ellas profundamente puesto que a la vista son muy simples, pero esta frase en particular, déjenme decirles, en su sencillez es profunda e inmensa para la vida de un creyente.

La sal tiene varias características: es de color blanco, es un condimento que da sabor a las comidas, en prudentes cantidades es esencial para la vida, es medicinal etc.. Pero una de sus cualidades más importantes es que tiene un poder de preservación incomparable, es decir, es una sustancia que retarda la descomposición, la corrupción y la putrefacción de los alimentos. Bajo esta cualidad la sal sirve para muchas cosas, existen enfermedades cutáneas (de la piel) que son tratadas con agua y sal de manera a evitar su avance destructivo. Esto es porque la sal en altas cantidades evita la procreación de microorganismos que causan este proceso de deterioro. También es bueno saber que desde tiempos inmemorables la humanidad ha usado la sal para conservar alimentos por largos periodos sin que estos se descompongan, esto actualmente se conoce como “curación de carnes” y aunque hoy no es una necesidad a causa de los sistemas de refrigeración que se han creado, la curación de carnes se sigue practicando por el sabor que deja a los alimentos tratados de esta forma, por eso cuando vamos a los supermercados vemos esas grandes y costosas piezas de carne colgando de ganchos sin necesidad que estén en refrigeradores porque han pasado por este proceso de conservación en sal.

En los tiempos en que el Señor caminó en la tierra la práctica de la conservación de los alimentos por medio de este proceso en sal era algo común y necesario que todos lo tenían presente. Y si bien en otras partes de la Biblia se menciona la sal como el condimento que deben de tener nuestras palabras a la hora de ser dichas (Col.4:6), en este caso el énfasis del Señor está en la cualidad conservante y preservativa de esta sustancia.

Hermanos: Lo recto expone lo torcido, nuestra vidas son como la sal que retarda la descomposición cuando vivimos lo que creemos, un teólogo a quien admiro dijo esto, y lo cito pues yo no lo pude haber dicho mejor:

La sal combate el deterioro. Igualmente los cristianos, mostrándose como verdaderos cristianos, están combatiendo constantemente la corrupción moral y espiritual. ¿Con cuánta frecuencia no ocurre que cuando repentinamente se presenta un cristiano en medio de un grupo de individuos mundanos, se retiene el chiste de color subido con que alguien iba a divertir a sus acompañantes, queda sin decirse la expresión profana o queda sin ejecución el plan perverso? Desde luego, el mundo es malvado. Sin embargo, sólo Dios sabe cuanto más corrompido sería sin el ejemplo, la vida y las oraciones de los santos que refrenan la corrupción (Gn. 18:26–32) – Willian Hendriksen.

Y yo te digo esto: Solo Dios sabe cuantas veces tu sola presencia sin siquiera abrir la boca ha  estropeado y frustrado conversaciones y planes perversos.

Sabemos que este mundo sin temor al Señor se irá corrompiendo cada vez más, que se llamará progresivamente malo a lo bueno y bueno a lo malo, que se inventaran de formas extraordinarias nuevos males o formas de pecar, que la sodomía avanzará junto con otras degeneraciones, que la apatía espiritual cauterizará la conciencia de muchos y que en razonamientos humanos y banales la humanidad, creyendo estar en la cúspide, en verdad estará en el fondo de un poso. A pesar de todo esto estamos llamados a ser sal, a oponernos predicando la verdad, viviéndola y denunciando el pecado con palabras y actos, de esta forma glorificaremos al Señor con nuestras vidas que se convertirán en faroles luminosos en medio de tantas tinieblas. (Sal y Luz)

Por eso “nunca” te canses de pelear esta batalla, en el momento que te canse blandir la espada busca refugio en tu Señor y en otros que pelean tu lucha, cuando vivimos el evangelio de nuestro Señor estamos siendo herramientas en manos de nuestro Padre para frenar el avance de la perversidad hasta que el Hijo venga en su gloria. Nosotros somos la Sal!.

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